Latino Baseball Online Store

LATINOS IN MLB

Players Stats

Top All Time Latino Player Statistics

Latino Players in MLB since 1900 

Latino Millionaires
Click here to see!

LatinoBaseball.com Players of the year

Top All Time Latino Awards 

Latino Players of the Year

Rising Latino Stars in MLB

Latinos in the Hall of Fame 

History by Country 

Historical Articles

Event Photo Album

Latino Baseball En Foco 

Latinos in Business of Baseball 

Recommended Web Links

World Baseball Classic

The 2006 World Series

CARIBBEAN WINTER BASEBALL

Postseason Finals

Standing 2007-08

Standing 2006-07

Standing 2005-06

100 Years Caribbean Baseball Gallery

Baseball History In
Latin-American

Event Photo Album

CARIBBEAN WORLD SERIES

TV/Radio Schedule

History

Historical Statistics

2005 Final Stats

2006 Final Stats

2007 Final Stats

2008 Final Stats

VIP Event Photos

Event Video

Caribbean Directory

ABOUT US

Who We Are

Advertise with Us

Write to Us

 

 

 

 

 

 


La Historia de los Latinos en las Grandes Ligas

Pasión y estilo. Eso es lo que han aportado los peloteros hispanos a las Ligas Mayores del béisbol desde 1902, dándole un nuevo matiz para que todo fuera diferente. Los peloteros hispanos han combinado su ferviente amor por el juego, una comprensión instintiva de sus fundamentos y una gracia atlética natural, dejando una valiosa y extensa herencia a este deporte.

En 2003 sus logros fueron mayores que nunca. El campocorto dominicano Alex Rodríguez, Rangers de Texas, fue escogido como el jugador más valioso de la Liga Americana. A-Rod fue el campeón de jonrones (47) y anotadas (124). El primera base Albert Pujols, Cardenales de San Luis, fue seleccionado como el Pelotero del Año. Albert lideró la Liga Nacional en anotadas (137), hits (212) y dobles (51). Angel Berroa, shorstop de los Royals de Kansas City, fue nombrado el Novato del año de la Liga Americana. Tony Peña fue seleccionado como el Manager del Año del joven circuito. Estos últimos tres también dominicanos. El primera base puertorriqueño Carlos Delgado, Azulejos de Toronto, comandó la Liga Americana en impulsadas con 145, además se convirtió en el primer latino en disparar cuatro jonrones en un mismo juego y el sexto que lo logra consecutivamente en la historia de las Mayores. El dominicanao Sammy Sosa, Cachorros de Chicago, en abril se convirtió en el primer hispano en arribar al club de los 500 jonrones. Luego el cubano Rafael Palmeiro lo emuló ingresando también al selecto grupo de los 500 cuadrangulares. El colombiano Edgar Rentería, Cardenales de San Luis, tuvo temporada de ensueño, al disparar 194 hits, 100 remolcadas y un robusto promedio de .330 de bateo. Magglio Ordóñez, Medias Blancas de Chicago, continúo su tórrido bateo, terminando por quinto seguido sobre los trescientos puntos. El nacido en Venezuela disparo 194 hits, 47 dobles y bateó para .317. Una de las grandes actuaciones la tuvo el lanzador de México, Esteban Loaiza, Medias Blancas de Chicago, con récord de 21-9, 2.90, además quedó líder en ponches con 207. El panameño Mariano Rivera, Yankees de Nueva York, amansó 40 salvados por cuarta vez en su carrera, constituyéndose en el mejor relevista de la Liga Americana. Por igual, el quisqueyano Pedro Martínez, Medias Rojas de Boston, quedó líder en efectividad en la Liga Americana con 2.22. El receptor boricua Javier López, Bravos de Atlanta, largó 43 jonrones, 42 de ellos como receptor, para establecer una nueva marca en las mayores para catchers.

Un total de 275 peloteros de la República Dominicana, Puerto Rico, México, Venezuela, Cuba, Panamá, Colombia y Nicaragua actuaron en las Ligas Mayores durante la temporada 2003. Fue necesario el sacrificio de muchos hombres para que estos jugadores pudieran llegar hasta donde están en la actualidad. Nosotros queremos volver a 1902 para brindarle a estos pioneros el reconocimiento que se merecen.

El primer latinoamericano en llegar a las Grandes Ligas fue el colombiano Luis Castro, un infielder que tomó parte en 42 partidos con los Atléticos de Filadelfia en 1902. 
Sin embargo, es en la década siguiente que los jugadores latinoamericanos realmente “llegan” a las Ligas Mayores, especialmente de Cuba, que con el tiempo se transformaría en el mayor exportador de peloteros hacia las Grandes Ligas. En 1911 jugaron el infielder Rafael Almeida y el jardinero Armando Marsáns, pero fueron el pitcher Adolfo Luque y el catcher Miguel Angel González los primeros con rango de estrellas.

“Adolfo Luque fue el pelotero cubano más destacado hasta la llegada de Orestes Miñoso”, escribió el periodista Eladio Secades. “Y lo fue, porque le tocó lanzar para los Rojos de Cincinnati en una época en la que eran uno de los más consistentes competidores de la Liga Nacional y, por lo tanto, había que tener calidad para lanzar con un conjunto con chance”.
Luque llegó a las Ligas Mayores en 1914 y jugó 20 años con los Bravos de Boston, incluyendo su famosa temporada de 1923 con los Rojos, cuando obtuvo su record de 27-8. También fue el primero con 1.93 de efectividad y 6 blanqueadas.

Miguel Angel se presentó dos temporadas antes, también con los Bravos. Durante un período que culminó en 1932, fue reconocido como el clásico jugador defensivo con poca fuerza al batear, aunque esto terminaría por convertirlo en uno de los grandes estrategas de su generación. En 1938 se convirtió en el primer latinoamericano en dirigir en las Grandes Ligas, al encargarse de los Cardenales de San Luis en el 38 y 40.

Otros famosos incluyen a Mel Almada, primer mexicano en las Ligas Mayores, un outfielder que vistió el uniforme de los Medias Rojas de Boston entre 1933 y 1939; y el primer boricua Hiram Bithorn, un lanzador que lo hizo en 1942 con los Cachorros de Chicago.
En 1939, el pitcher Alejandro Carraquel fue contratado por los Senadores de Washington y se transformó en el primer grandeliga venezolano. En 1955, el utility Héctor López con los Atléticos de Kansas City, y el lanzador Humberto Robinson, con los Bravos de Milwaukee, fueron los primeros panameños. En la siguiente temporada se presentaría el primer dominicano, Oswaldo Virgil, un infielder de los Gigantes de Nueva York.

La presencia latinoamericana comenzó a sentirse fuertemente recién en la década de los 50, apuntalada por un audaz y rápido jardinero cubano llamado Orestes Miñoso, quien se convirtió en el primer pelotero en actuar en cinco décadas diferentes. Un bateador de línea con poder ocasional, Miñoso tenía 26 años cuando llegó a las Ligas Mayores en 1949 con los Indios de Cleveland. Pero fue dos años más tarde con los Medias Blancas que comenzó su leyenda.
“Los Indios me contrataron, peor no estaban realmente convencidos”, comentó en una oportunidad. “Pensaban que no podía, aunque en esa temporada del 49 jugué muy poco. En sólo nueve juegos, como podían saber si podía o no? En la temporada siguiente, tampoco me dieron la oportunidad. No tomé ni un solo turno, pero en el 51 me cambiaron a los Medias Blancas de Chicago y todos sabemos lo que vino después”.

Al llegar a Chicago tuvo ocho campañas con promedios superiores a los .300 puntos y 31 robos. Fue el primero en ganar en tres títulos consecutivos en ese departamento”. Tú sabes, eso era viveza”, comentó el toletero derecho. “En ese tiempo el juego se había vuelto estático con tantos jonrones, y me dije, Orestes tú no tienes tanta fuerza, así que debes hacer algo para que esta gente te tome en cuenta. Si puedes correr, por que no lo haces? Entonces vinieron los robos, los dobles y los triples. Esa gente estaba de cabeza”.

Miñoso jugó hasta 1964 y en una oportunidad se anotó un tubey con un toque de bola. Tenía 54 años cuando regresó para batear ocho veces en 1976 y 58 años cuando volvió para tomar dos turnos más en 1980 con el mismo uniforme de los Medias Blancas.

Al llegar a Chicago en el 51, Miñoso se encontró con el campo corto de los Medias Blancas, el venezolano Alfonso “Chico” Carrasquel fue calificado como el mejor torpedero de las Ligas Mayores, pese a la presencia de shortstops como Phil Rizzuto, Johnny Pesky, Eddie Jost, Pee Wee Reese, Alvin Dark, Johnny Logan, Roy McMillan y Dick Groat. En 1951 se convirtió en el primer latinoamericano en tomar parte en un Juego de Estrellas, que en esa temporada se efectuó en el Briggs Stadium de Detroit.

“Fue un sueño hecho realidad, aún cuando no estaba nervioso”, relató Carrasquel, que al obtener 1,309,538 votos de los fanáticos, superó los 1,213,774 votos de Rizzuto, quien en la temporada anterior, con los Yankees de Nueva York, había sido electo el Jugador Más Valioso de la Liga Americana. “El juego diario me había ambientado y estaba preparando psicológicamente para momentos especiales como ese. La designación tampoco fue una sorpresa para mí. Estaba consciente de mis condiciones para el juego y ya mis méritos eran conocidos por todos.”

Carrasquel estuvo en la alineación del mánager Casey Stengel hasta el sexto inning, cuando salió para que Miñoso bateara por él, mientras Rizzuto entraba en el campocorto. La Liga Nacional ganó finalmente 8 a 3, pero el resultado no fue lo más importante, “Desde el principio, me sentí como un ganador. Incluso antes de comenzar el partido,” asegura Alfonso. “El compartir el hotel y el campo de juego con Ted Williams, Stan Musial, Jackie Robinson, Duke Snider Pee Wee Reese... eso era suficiente. Imagínate, hoy todos ellos están en el Salón de la Fama.”
La segunda gran noticia de la década para Latinoamérica la ofreció el mexicaño Beto Avila. Un segunda base que bateaba a la derecha, Avila promediable más de .300 puntos en 1952 y 1953, antes que su promedio de .341 en 1954 le ganara la corona de bateo en la Liga Americana. Fue el primer latinoamericano en alcanzar este trofeo. Con este titulo, Avila aventajo precisamente a Miñoso, aunque lo más importante fue su contribución al triunfo de los Indios de Cleveland con un total de 111 victorias, la mayor cantidad obtenida por un conjunto en la Liga Americana. El azteca compartió méritos con el toletero Larry Doby, el antesalista Al Rosen, el jardinero Al Smith y el celebre grupo de lanzadores formado por Early Wynn, Bob Lemon, Mike García, Bob Féller, Don Mossi y Ray Narleski. Por cierto que los Indios nunca más han ganado un gallarte y Avila nunca más bateo .300.

Dos temporadas más tarde, se provocó un tumulto en Chicago con la llegada de Luis Aparicio para jugar en el campocorto y él envió de Carrasquel a Cleveland.

Seis meses después Aparicio había disipado todas las dudas con una actuación que le valió el título de Novato del Año, un galardón que nunca antes había sido otorgado a un latino. “No estaba muy seguro de poder ser electo como el Novato del Año,” comentó Aparicio, quien bateó .266 y fue el torpedero con más outs y asistencias en todo el circuito. “había comenzado la temporada algo flojo con el bate, pero después le tome el pulso a la liga. Realmente nunca sentí presión. Era muy joven, pero ya Alfonso Carrasquel me había dado una idea de lo que yo podía conseguir”.

Si Miñoso asombro a toda la Liga Americana con su velocidad, Aparicio marcó la pauta del resurgimiento de la velocidad como arma letal. Fue el robador de bases número uno en sus primeras nueve temporadas, algo que no ha logrado ningún otro jugador, aún gacelas como Maury Wills, Lou Brock, Rickey Henderson, Tim Raines y Vince Coleman.

“Siempre tuve muy buenos reflejos, y también aprendí los movimientos de los lanzadores,” asegura Aparicio, cuyo tope fue de 57 robos en 1964. “Mientras más conocida a los pitchers se me hacia más fácil robar. Después vendrían Wills, Brock, Henderson y los demás, porque el robo se convirtió en un arma ofensiva. Ahora todos los equipos andan buscando uno o dos hombres que puedan robar 40 ó 50 bases por año.

A la habilidad de Miñoso, la defensa de Carrasquel y Aparicio, y el bateo del mexicano Beto Avila, los hispanos agregaron en los años 60 el bateo de largo metraje y la consistencia en el tiro. También hubo campocortos como los cubanos Leonardo Cárdenas y Zoilo Versalles; lanzadores como el boricua Juan Pizarro y el cubano Camilo Pascual; bateadores como el venezolano Víctor Davalillo y los hermanos Felipe y Mateíto Alou. El cubano Dagoberto Campaneris y el venezolano César Tovar jugaron en las nueves posiciones. Pero la historia de los años 60 fueron los puertorriqueños Roberto Clemente y Orlando Cepeda, el dominicano Juan Marichal y el cubano Tony Oliva.

Clemente fue contratado originalmente por los Dodgers, pero su contrato fue vencido a los Piratas de Pittsburg porque con Duke Snider y Carl Furillo no había cupo para él. Un error de cálculo que los Dodgers lamentarían en 1961, cuando Roberto Clemente consiguió la primera de sus cuatro coronas de bateo. Su carrera culminaría con tres mil imparables, un promedio vitalicio de .317, y una placa en el Salón de la Fama.

Clemente fue un hombre reservado, que prefería expresarse con un bate, como lo hizo en la Serie Mundial en 1971 contra los Orioles, cuando ayudo a ganar a los Piratas, al batear con un promedio de .414, con 2 jonrones y 4 carrera empujadas.

“No me gusta hacer comparaciones,” dijo Cepeda de Clemente. “Roberto, por encima de cualquier otra cosa, fue un amigo. Mi amigo personal, pero para mí, lo único que diferencio a Mays de Roberto, fue su poder y un poco más de velocidad en las bases.”

“Si, Clemente se la pasaba quejándose” relata Marichal. “Un día le dolía el cuello y al siguiente la espalda. Tenia mil dolores pero todos desaparecían cuando iba a batear. Fue un gran competidor. Siempre llagaba a los juegos preparado mentalmente. Era orgulloso y tenia razones para protestar por el poco reconocimiento que tuvo. Es el mejor ejemplo para la comunidad”.

Con tanto talento en el plato como Clemente, Cepeda tenia una personalidad diametralmente opuesta. Apenas llegó, le disputó al mismo Willie Mays el liderazgo entre los jugadores de los Gigantes y el favoritismo de los fanáticos de San Francisco. Pero no todo era simpatía en Cepeda. Inicialmente contratado por los Gigantes en 1958, a los 20 años de edad, fue el primer hispano Novato del Año en la Liga Nacional. A los 21, finalizó su primera temporada con más de 100 empujadas, y a los 23, conectó .311 y encabezó la Liga Nacional con 46 jonrones y 147 impulsadas. En sus primeras siete campañas, conectó más jonrones que Henry Aarón, Mickey Mantle y Willie Mays en sus siete años iniciales. Cepeda jugó con los Gigantes y era el cuarto bate detrás de Willie Mays y delante de Willie McCovey. Jugó con los Cardenales de San Luis y era el cuarto bate detrás de Lou Brock. Jugó con los Bravos de Atlanta y era el cuarto bate detrás de Henry Aarón. Jugó con los Medias Rojas de Boston y era el cuarto bate detrás de Luis Aparicio y Carl Yastrzemski. Y jugo con los Cangrejeros de Santurce en Puerto Rico, donde fue cuarto bate, detrás de Roberto Clemente. Salvo Cepeda, todos ellos están en el Salón de la Fama.

“Es sólo ahora que me he dado cuenta que jugué al lado de varios de los más grandes jugadores de todos los tiempos”, dijo recientemente Cepeda. “En ese momento yo solo me sentía orgulloso de estar con ellos; e inclusive aprendí muchas cosas con Mays y con Aaron, pero en ningún instante me sentí inferior a ellos. Siempre tuve confianza en mi talento.” Como a Cepeda, a Marichal le tocó jugar en una época donde abundaban lanzadores de la talla de Sandy Koufax, Bob Gibson y Don Drysdale.

“Eran unos fuera de serie,” confesó una vez Marichal, con seis campañas de 20 victorias en su carrera. “De todos, a Koufax fue a quien más admire. Creo que, al menos zurdo, no ha existido uno como Sandy. Sólo tenia tres pitcheos; rectas, curva y cambio. Todos los bateadores lo sabían, los esperaban y fallaban. Era un pitcher superdotado.” Y Marichal? “No me gusta hablar de mis virtudes.” Si hubo algún toletero latinoamericano cuya naturalidad al batear pudo compararse con la de Ted Williams, fue Tony Oliva, único en toda la historia de la Ligas Mayores en ganar coronas de bateo en sus dos primeras campanas completas en la Gran Carpa.

Sus 217 incogibles en su año de novato con los Mellizos de Minnesota, todavía son un récord para la Liga Americana. Recibió otros títulos cinco de imparables y cuatro de dobles, en una carrera interrumpida antes de tiempo por culpa de una serie lesión en la rodilla izquierda.

En los años 70, el panameño Rod Carew consiguió 6 de sus siete títulos de bateo, los cubanos Luis Tiant y Miguel Cuéllar sumaron seis campañas de 20 victorias, el dominicano Ricardo Carty ligó .366, el venezolaño David Concepción inició su escalada hacia la élite de los torpederos en ambas ligas, el quisqueyano Manuel Mota y el venezolano Víctor Davalillo mostraron sus condiciones como bateadores emergentes, y para muchos el cubano Tony Pérez fue el eje de la Gran Maquina de los Rojos de Cincinnati, el equipo más poderoso de la década.

“Los periodistas y la gente llegaron a la conclusión de que yo era el eje de todo,” dijo Pérez, que entre 1970 y 1976 nunca impulsó menos de 90 carreras y en cuatro temporadas remolcó más de 100. “Era el líder del equipo, y pienso que eso me lo gane por mi trabajo en el campo de juego y por mi personalidad. Era como una especie de puente entre los latinos y los norteamericanos, y entre el mánager y los jugadores. Y eso también lo conseguí por que me llevaba bien con todos. Todos eran estrellas, aún para mí, y todos eran iguales.
En ese periodo de siete años, los Rojos también con Pete Rose, Johny Bench, Joe Morgan, George Foster, Ken Griffey y David Concepción, ganaron cinco títulos divisionales, cuatro gallardetes en la Liga Nacional y dos Series Mundiales. Pero cuando Pérez fue enviado a los Expos, no lograron atrapar a los Dodgers en 1977 y en 1978.

Los años ochenta vieron el establecimiento de los dominicanos como el grupo más numeroso entre los latinoamericanos, el arribo del carismático lanzador mexicano Fernando Valenzuela con su mortal lanzamiento de tirabuzón, el campeonato de jonrones y empujadas del venezolanos Antonio Armas, la destreza de su compatriota Oswaldo Guillén en el campocorto, la aparición de talentosos receptores como el quisqueyano Tony Peña, el venezolano Baudilio Díaz y los boricuas Benito Santiago y Sandy Alomar. Pero quizás lo más notable fue la aparición del cubano José Canseco, la quintaesencia del jugador de béisbol, quien se convirtió en el primer latino en arribar a los 400 jonrones. “Solo lesiones le impedíron ser en rebosar la marca de los 500 cuadrangulares, algo que le acortó su carrera. Terminó con 462 vuelacercas. En sus tres primeras temporadas en las Ligas Mayores, Canseco consiguió por lo menos 30 jonrones y 100 impulsadas, algo que nadie había hecho anteriormenete. En 1988 robo 40 bases y largo 40 vuelacercas, para convirtirse en el primero en hacerlo en las Mayores. En un nivel más práctico, fue el primero en cobrar 5 millones de dólares en una sola temporada. En los últimos años, el número de peloteros latinoamericanos ha aumentado en cada temporada, y 2004 no será la excepción. Un total de 362 hispanos están repartidos entre los rósters del primaverales; 178 en la Liga Nacional y 184 en la Liga Americana. En cada conjunto de Grandes Ligas hay por lo menos ocho hispanos.

Las contribuciones de los hispanos al béisbol, aún cuando han sido enormes, continuarán y serán mayores. Ya hay peloteros en las ligas menores preparados y listos para brillar en el juego. También, con la expansión de las Ligas Mayores, puede ser que se produzca un ámbito en alguna cuidad latinoamericana para el béisbol. Nadie nunca sabe donde podrá ser, pero tendrá como piedra fundamental la tradición y la calidad establecida por todos los jugadores hispanos que nos precedieron. Sin embrago, ya por segundo año seguido, San Juan, Puerto Rico, albergará 22 juegos de Grandes Ligas, cuando una vez más los Expos de Montreal escojan el estadio Hiram Bithorn para esos juegos. Es bueno mencionar, que el dominicano Omar Minaya se convirtió en el primer gerente general de nuestra raza, al tomar las riendas de los Expos. También, un empresario de descendencia mexicana, Don Arturo Moreno, compró a los Angelinos de Anaheim, y le ha dado un giro total para convertirlo una vez más en un equipo campeonil, adquiriendo los servicios de los dominicanos el lanzador Vladimir Guerrero y el lanzador Bartolo Colón. Desde 1902 hasta el 2004, la contribución de los latinos hacia el béisbol continúa y continuará para hacer de este deporte el más popular mundialmente.


 

(c) 2008 LatinoBaseball.com. An R. Paniagua, Inc. All rights reserved. Web site design by Hispanic Digital Network, Inc.